La Comisión Europea ha adoptado el Reglamento de Ejecución (UE) 2025/973, el cual introduce actualizaciones clave en la normativa sobre el uso de productos y sustancias en la agricultura ecológica. Uno de los cambios más relevantes es la revisión del uso de semioquímicos, como las feromonas, herramientas fundamentales en el manejo integrado de plagas. Estas sustancias actúan modulando el comportamiento de los insectos a través de señales químicas, ofreciendo una alternativa eficaz, específica y de bajo impacto ambiental frente a los pesticidas convencionales.
Hasta ahora, la normativa exigía que los semioquímicos solo se aplicaran mediante trampas o dispensadores, impidiendo su contacto directo con los cultivos. Sin embargo, el nuevo reglamento elimina esta condición, reconociendo que el modo de aplicación no es el único factor relevante para garantizar la seguridad del producto y su conformidad con los principios ecológicos. Esta decisión se basa en las conclusiones del Grupo de Expertos para el Asesoramiento Técnico en Producción Ecológica (EGTOP), así como en las guías científicas sobre el uso de semioquímicos como sustancias activas de bajo riesgo.
En este contexto, se incorporan oficialmente a la lista de sustancias autorizadas para su uso en producción ecológica los straight chain lepidopteran pheromones (acetates), un grupo de feromonas utilizadas para confundir o atraer a insectos plaga. Junto a ellos, se incluyen otras sustancias de bajo riesgo como el lavandulyl senecioate, la grasa de oveja (empleada como repelente por olor), y la arena de cuarzo. Todas ellas han superado los criterios establecidos por la normativa europea para garantizar que su uso no compromete la integridad ecológica ni la salud humana o animal.
En definitiva, con la adopción del Reglamento 2025/973, la Unión Europea reafirma su compromiso con una producción agroalimentaria sostenible, basada en la innovación, la evidencia científica y el respeto por el medio ambiente. La inclusión más flexible de los semioquímicos en la producción ecológica no solo amplía el abanico de soluciones disponibles para los agricultores, sino que también consolida el liderazgo europeo en normativas que equilibran productividad, salud y sostenibilidad.




