Actualmente a nivel mundial, el mercado de los biopesticidas se encuentra en un punto interesante desde el punto regulatorio. Aunque sus ventas siguen siendo inferiores a las de los pesticidas convencionales, las previsiones apuntan a un crecimiento sustancial en los próximos años según muchos estudios de mercado. De hecho, se estima que en los principales mercados internacionales (Colombia, Perú, Bulgaria, Hungría, Polonia, Países Bajos y Turquía) las ventas podrían duplicarse en un plazo estimado de cinco años.
La razón reside en que los consumidores son cada vez más conscientes de los efectos negativos asociados a los productos químicos tradicionales. Por tanto, resulta lógico que se demanden alternativas más seguras y sostenibles.
Las iniciativas gubernamentales orientadas a mejorar la sostenibilidad de los sistemas agrícolas están desempeñando un papel clave en la transición hacia soluciones biológicas. En este contexto, la regulación está evolucionando para adaptarse a esta nueva realidad.
Es aquí cuando entran los biopesticidas. Al incluir sustancias de origen natural, suelen presentar un perfil toxicológico mucho más favorable, presentando niveles muy bajos de toxicidad, exposición y riesgo, y, a su vez, no mostrando evidencias de impactos adversos significativos.
Un ejemplo relevante es el enfoque adoptado por la Agencia de Protección del Medio Ambiente de EE.UU. (EPA), que a finales de 2024 anunció medidas para agilizar la revisión de registro de determinados biopesticidas utilizados en aplicaciones agrícolas, comerciales y residenciales.
Este nuevo enfoque permite optimizar recursos y acelerar la disponibilidad de soluciones más seguras en el mercado. En paralelo, la actualización de recursos como la web de Biopesticide Registration que finalizó a mediados de 2025, refleja el creciente interés institucional por facilitar el acceso a información y mejorar la transparencia del proceso.
Al ser el campo biológico tan amplio y tan diverso, la EPA ha desarrollado procedimientos específicos, orientados a evaluar cada producto de manera más individual que general.
Por ejemplo, los productos bioquímicos y microbianos están sujetos a requisitos de datos distintos a los de los pesticidas químicos convencionales, definidos en la normativa 40 CFR Parte 158. Esto implica que las estrategias de registro deben adaptarse específicamente a este tipo de productos.
Por otro lado, para el registro de biopesticidas, la propia EPA recomienda que, antes de iniciar una solicitud de registro o su modificación, las empresas soliciten una reunión previa a la presentación. Este paso resulta clave para alinear expectativas regulatorias, confirmar los requisitos de datos y definir adecuadamente el etiquetado del producto, reduciendo así riesgos y retrasos en el proceso.
En conjunto, todos estos factores —demanda del mercado, avances regulatorios y apoyo institucional— apuntan a un escenario en el que los biopesticidas no solo crecerán en volumen, sino que se consolidarán como una pieza clave en la agricultura sostenible del futuro.
Confiemos que también en Europa los cambios regulatorios propuestos favorables a este tipo de productos vean la luz muy pronto.




